Un paseo por la historia del libro, 60 años formando parte de esa historia.

Tacto suave y calidez extrema, impresionantes imágenes en la mente, gran riqueza en su interior, historia en las manos. No hablamos de El Dorado, la leyenda de un reino lleno de riquezas que obsesionó durante tantos años a los buscadores de tesoros, hablamos del LIBRO. Desde que el primer sumerio grabó en una tablilla los primeros vestigios de escritura, el modo de transmitir la sabiduría ha seguido evolucionando hasta nuestros tiempos. La escritura evolucionó desde los primeros ideogramas, que representaban ideas, cualidades y acciones, pasando por los jeroglíficos, un sistema de escritura austero y geométrico con valor fonético basado en dibujos de escenas figuradas o simbólicas que representaban una acción o idea, hasta los distintos tipos de escritura moderna que conocemos. Al igual que la escritura, las técnicas que han permitido preservar la sabiduría escrita han seguido desarrollándose en los tres últimos milenios, contribuyendo a que la cultura sea un bien al alcance de todos. Los orígenes del libro se remontan al grabado en piedra en la zona Mesopotamia, durante el tercer milenio A.C., utilizando como soporte tablillas de arcilla donde imprimían los caracteres con un instrumento en forma de triángulo, llamado Stilus, con lo que se hacían pequeñas inserciones en forma de cuña dando origen a la escritura cuneiforme. En China, en la misma época en la que apareció la escritura cuneiforme, desarrollaron una escritura ideográfica utilizando como soporte el hueso y la cocha de tortuga, aunque el soporte más utilizado por ser más ligero y fácil de transportar fue la seda. Sobre ella se que escribían con una caña de bambú que tenía en su punta un pelo de camello con la que aplicaban una tinta elaborada con hollín de pino y cola. El deseo del ser humano de salvaguardar el conocimiento hizo que siguieran evolucionando las técnicas y mejorando los soportes para la escritura, emergiendo el papiro y el pergamino.

Durante siglos, diferentes culturas siguieron innovando para obtener maneras más eficientes de conservar la escritura. El asunto no se podía quedar ahí, tenían que dar el paso más importante. El paso que permitiría que toda esa sabiduría llegara a más gente. Tenían que idear un sistema para conservar y reproducir el conocimiento de manera eficiente. Con esta visión nació la imprenta. Los inicios de la impresión se remontan a mediados del siglo VIII D.C., en la región de Asia. Un sistema de impresión con tipos móviles de porcelana que eran tallados por artesanos, para posteriormente colocarse en una prensa que imprimía en papel de arroz con tintas oleosas. Los primeros indicios de esta tecnología se hayan en Japón, aunque sería en China, a manos de Bi Sheng, donde evolucionaría esta técnica. Siglos después en el reino de Koryo (Actual Corea) buscando aumentar la durabilidad en los tipos móviles, probaron a cambiar la porcelana por otros materiales, hasta que empezaron a fabricarlos en hierro. Material que les permitió alargar la vida del tipo móvil y mejorar la eficiencia de la impresión.

En Europa llevaban siglos utilizando el sistema de xilografía, técnica de impresión con plancha de madera que se inventó en China en el siglo II D.C. lo que permitió mecanizar ligeramente el sistema manuscrito. Al ser un sistema poco eficiente, se utilizaba para imprimir panfletos informativos o políticos. Los libros se seguían haciendo de manera manuscrita por monjes o frailes. La verdadera revolución llegaría a manos de Johannes Gutenberg en el año 1.450 D.C., cuando invento la imprenta de tipos móviles. En ese momento era el mejor sistema que el hombre había conocido para imprimir. Ya que, aunque en Asia se inventara cuatro siglos antes un sistema parecido de tipos móviles, la cantidad de caracteres que componen su alfabeto hacía que siguiera siendo un sistema poco práctico y no se expandiera de la manera que lo hizo el de Gutenberg. La nueva imprenta de Gutenberg se difundió rápidamente por el mundo creando un hito cultural en la sociedad, por su capacidad de propagar el conocimiento. Como un océano empezaron a conectarse ideas de los diferentes continentes. El acceso a los libros empezó a estar al alcance de más gente. Aunque los libros empezaron propagarse, seguían siendo un artículo de lujo a la cual tenía acceso solo la parte más privilegiada de la sociedad. En el año 1886, Ottmar Mergenthaler invento la linotipia, un invento clave para continuar el camino que había iniciado Gutenberg para mejorar los sistemas de impresión. La linotipia siguió ampliando las bibliotecas del mundo, gracias a que permitió la industrialización de la impresión a gran escala. El acceso a los libros seguía creciendo. Tendría que llegar el año 1904, cuando el estadounidense Washington Rubel inventó la impresión en offset para que la cultura estuviera al alcance de todos. Este nuevo método de impresión que permitió reducir el coste de producción de los libros, fue un ariete social, en la propagación del conocimiento a todas las clases sociales. Poco a poco, el acceso a los libros dejo de estar solo al alcance de unos pocos permitiendo elevar a la cultura hasta límites nunca conocidos.

Con la misma filosofía innovadora que nuestros antepasados utilizaron para mejorar las técnicas y soportes, en la actualidad hemos continuado con su legado evolucionando las formas de obtener los libros dando como resultado nuevos sistemas de producción, como la impresión digital que nos ha aportado mayor flexibilidad, y nuevos soportes como el libro electrónico.

En pleno siglo XXI, la era de la tecnología, el soporte más utilizado sigue siendo el papel. La historia del libro continúa con más fuerza que nunca. No podemos olvidar que los libros tienen alma propia y nos dan el regalo de la eterna juventud, inmortalizando a todos aquellos que transmitieron sus experiencias, sabidurías e inquietudes en la palabra escrita. Seres inmortales como Sócrates, Miguel de Cervantes, Víctor Hugo, Sun Tzu, Dante Alighieri, Federico García Lorca, Homero, etc. están presentes en nuestras vidas gracias a los libros. En el Grupo Gómez Aparicio nos sentimos orgullosos de formar parte de esa historia, la de los libros, posiblemente el invento más sencillo, útil y perdurable que podamos imaginar. La misma pasión con la que los escritores nos transmiten sus ideas, en Gómez Aparicio trabajamos con ilusión poniendo a buen recaudo esa sabiduría en el papel impreso y encuadernando con cariño esas letras para que sigan nutriendo las mentes del mundo. Siempre poniendo el foco en el buen hacer y en la constante búsqueda de la excelencia. Todo el equipo de Gómez Aparicio está comprometido en seguir a la vanguardia del sector gráfico promoviendo cambios e innovando para transformar los productos y servicios ordinarios en extraordinarios, aportando más valor al cliente, mejorando su experiencia mientras se genera una rentabilidad sostenible para la empresa. Revisando los procesos y el statu quo, promovemos una empresa saludable y con valores. Como ya hicieron hace muchos siglos los antiguos impresores con las marcas tipográficas, eran monogramas, alegorías o símbolos que los impresores adoptaban como emblema de su taller y que solían reproducir en la portada o colofón del libro. Nuestra marca tipográfica es en tinta invisible, la que se imprime con hechos a través de los 60 años de trabajo y la pasión por lo que hacemos.


Luis Fco. Hedo Gómez
Director General

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